IMPOSIBLE PARA QUIEN DEJÓ DE CREER Y DE SOÑAR

Siempre he promovido la importancia de recordar y ser como niños, lo vital e importante que es recordar nuestra infancia y especialmente sonreír y sentir que todo toma un nuevo sentido cuando nos liberamos de nuestros prejuicios y hacemos a un lado esos pensamientos que nos alejan de la alegría verdadera.

A1Ahora me tocó a mí recordar mi infancia, volver a creer en la fantasía, esa que solo comprendemos con la transparencia del corazón. Lo que a continuación compartiré puede ser casi imposible para quien dejó de creer y de soñar.

Estuve en el lugar donde todo puede ser posible, caminé al lado de personajes de ficción, fui testigo de una gran cantidad de cuentos en algunas ocasiones como simple espectador y en otras como un personaje más. Me emocioné a punto de llorar cuando las melodías me hacían recordar el coro de alguna canción.

A3Me sumergí en las profundidades del mar, visité las cuevas de los piratas, me habló un automóvil y competí en una carrera a gran velocidad, nadie, ni yo mismo puedo decir que esto no sucedió.

Al escribirlo me parece irreal y mi pensamiento intelectual insiste en negarlo; lo viví y sé que sucedió, me lo recuerdan las cientos de fotos que colapsaron la memoria de mi teléfono y el cansancio de mis piernas, porque ¡vaya que en ese lugar se camina! Me lo repite mi corazón al dibujar una sonrisa en mi rostro al recordar lo que vivimos en familia.

A4En ese mágico lugar no existe la edad, ahí nadie creció y por supuesto nadie nos tomamos en serio ningún problema, descubrí que todo puede suceder con solo pensarlo y soñarlo. Genios, sirenas, muñecos de nieve, princesas, príncipes, en fin, lo que se sueña puede hacerse realidad.

Con esta reflexión no pretendo promover ningún lugar turístico, más bien, invito a volver a sentir y a experimentar las emociones de nuestra infancia, recordar qué era lo que nos hacía soñar, vibrar y emocionarnos como cuando éramos pequeños. ¡Es tan sano y tan necesario!

Recordar, buscar y sentir lo que experimentamos en esa etapa es una razón poderosa para vivir, tal vez sea la añoranza del tiempo que jamás volverá, pero sin duda es el recuerdo que sigue y perdura en cada uno de nosotros, porque ser niños es una época que jamás se olvida.

Por cierto, el lugar al que me refiero es Disney.

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