LA CAUSA DEL MAL

El violador ¿Sentirá amor al obligar a su víctima?

Un asaltante ¿Disfrutará el motín robado?

El asesino ¿Compartirá con alegría a su familia el dinero que obtuvo por quitarle la vida a otro ser humano?

Un narcotraficante ¿Abrazará a sus hijos sin remordimiento después de envenenar a familias?

Algo ya está muy mal en nuestro mundo.

Acabo de escuchar y ver las noticias, asaltos, robos, violaciones, narcotraficantes y un sinfín de acciones que atentan y dañan a la sociedad, así que todo esto me invita a reflexionar acerca del origen del mal ¿Realmente hay alguna causa? Habría que evaluarlo detenidamente, creo que son muchos los aspectos que incitan a que algunos seres humanos decidan y direccionen su vida por el odio y el rencor.

He tenido la oportunidad de visitar las prisiones de este país por el Ministerio que realizo desde hace más de veinte años y he compartido en las cárceles de hombres y mujeres a quienes les pregunto: ¿Qué fue lo que les llevó hasta ahí? Y la respuesta casi siempre es la misma, se dejaron llevar por sus emociones, no pensaron detenidamente las consecuencias de sus acciones.

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Algo que llama mi atención es que ninguno de ellos y ellas tuvieron la oportunidad de conocer sus virtudes, su potencial. Cuando están privados de su libertad, descubren que pueden llegar a ser buenos compañeros, algunos se dan cuenta que tienen cierta afinidad para la espiritualidad, otros despiertan un talento que desconocían para desarrollar diferentes oficios, de tal manera que ahí, tras las rejas, van descubriendo que tienen habilidades y virtudes únicas. También es cierto que la readaptación social en las cárceles de nuestro país es la mayor enseñanza para convertirse en delincuentes profesionales.

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¿La causa del mal es la falta de amor en sus hogares? ¿El escaso acompañamiento en la edad infantil? ¿La carencia económica? ¿La falta de educación? Seguramente estamos ante la verdadera causa del mal, vivimos cegados promoviendo leyes, aumentando penas, persiguiendo sin cesar a delincuentes, cuando, deberíamos fijarnos con detenimiento en estos aspectos de la sociedad, las causas que lo originan.

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Por supuesto que las noticias y mensajes diarios por Internet nos muestran una sociedad corrompida, agresiva y deshumanizada, hoy más que nunca tenemos que tomar acciones, en caso de agravio hay que denunciar, tenemos que levantar la voz, no debemos vivir con miedo. Es tiempo de identificar y hacer algo concreto por estas causas que originan tanta maldad.

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APACIENTA A MIS OVEJAS

Desde hace algunos días esta cita bíblica se repite una y otra vez en mi mente, es como si al recordarla comenzara a adquirir un nuevo sentido, se trata de una apreciación personal, pero que aplicada a nuestros tiempos me abre una nueva posibilidad de interpretación, la cual quiero compartir con humildad en este espacio.

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Cabe mencionar que en las diferentes homilías que he tenido oportunidad de escuchar y leer, en general estas se direccionan hacia el pensamientos de Jesucristo quien se sirvió de la palabra ‘apacienta’ que significa prepara buenos pastos, alimenta a mis corderos, a mis ovejas, probablemente a la grey religiosa, básicamente ese es su contexto original.

Sin embargo, mi reflexión y perspectiva van hacia los más necesitados, a los olvidados. Al mirar a un drogadicto en la calle y recordar la cita “Apacienta a mis ovejas” Juan 21 15-19.

Lo que entiendo, es: Hay ovejas extraviadas que necesitan dirección, están perdidas en sus pensamientos y sentimientos, necesitan ser tranquilizadas, llevadas con amor hacia los demás.

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Si observo a un alcohólico, al ver su rostro de tristeza y decepción, la palabra “apacienta” vuelve a adquirir ese sentido de esperanza, de regresar lo perdido a esa oveja extraviada, nuevamente me invita a darle confianza y tranquilizar a “su oveja” pecadora, con fallas, decepcionada, desilusionada, como en los tiempos de Jesús.

Él sin duda, hacía que regresara la paz y la calma a tantos seres humanos necesitados como hasta ahora.

Cuando a una pareja sufre la infidelidad, en medio de su angustia, dolor y amargura, la frase “apacienta” vuelve una vez más a adquirir esa caricia de amor, debemos darle esperanza y mitigar el dolor que hay en su corazón, dar paciencia, encontrar el camino, señalar la luz que devuelve la calma.

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Frente a un suicida, quien no tiene esperanzas, seguro que se encontrará en un estado alterado y negativo, porque al querer salir de esta vida y acabar con su existencia, sin duda es un tiempo valioso para ofrecerle paz y remanso.

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Para los migrantes, para los homosexuales, para quienes provocan las guerras y conflictos armados, para quienes ansían el poder político, para los narcotraficantes, para gran parte de la humanidad que está intranquila, estresada, alejada del camino del amor, es a quienes hay que “tranquilizar” y devolverle esperanza, vida y amor.

“Apacienta a mis ovejas” Juan 21 15-19

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