EL QUINTO MANDAMIENTO

Ante la soberbia de la humanidad en aras de poder y frente a tantos seres humanos dolientes que viven la injusticia en “carne propia”, escribo la siguiente reflexión. Porque seguimos sin entender la importancia del quinto mandamiento ¡Respetemos el don de la vida!

ESTADOS UNIDOS PULITZER

No matarás… Pero en las guerras es necesario matar.

Paz a los hombres de buena voluntad… Paz, gritan los poderosos, pero hay que imponerla con las armas.

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Y así mientras la ley clama: ¡NO MATARÁS! Las leyes modernas nos desorientan siendo difícil llegar a saber cuándo el matar es un crimen.

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Un hombre armado perseguía a otro que lejos de correr “volaba de miedo”, el perseguidor distinguió a Sócrates que cruzaba el camino y le gritó: -¡Deténgalo, deténgalo!

Y como el filósofo continuaba con su camino, se detuvo aquel furioso para interpelarle:        -¡¿Eres sordo?! ¡¿Por qué no cerraste el paso al asesino?!

-¿Quién es el asesino? Y ¿Qué entiende usted por asesino? Le preguntó Sócrates.

-¡Vaya una pregunta! Dice el armado, pues asesino es un hombre que mata.

-Un carnicero entonces, le dice Sócrates.

-¡Viejo tonto! Un hombre que mata a otro hombre.

-¡Ah! ¡Ya! Un guerrero.

-¡Imbécil! Un hombre que mata en tiempo de paz.

-¡Vamos! Un verdugo debe ser. Dice Sócrates.

-¡No! Un hombre que mata en el propio domicilio.

-¡Comprendido! Dice Sócrates. Un médico.

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Implantar la paz por medio de la paz y del amor y no como vocifera la raza de víboras e hijos de serpientes según el Evangelio, dictar la paz por medio de la guerra.

Jamás las armas serán la solución, nunca la violencia ha solucionado ningún conflicto. Es tiempo de creer en el poder del amor, la paz sin engaños. Respeto a la vida.

P.D Buscando las imágenes para este BLOG me he enfrentado a uno de los dolores más intensos, he llorado frente a la brutalidad de la guerra, la muerte y destrucción ¿En qué nos hemos convertido? En seres humanos sin sentimientos, nos aniquilamos sin remordimiento, sin respeto a nadie. Padre Misericordioso perdónanos…

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UNA ESTRELLA NO ES UNA ESTRELLA POR MENCIONARLA

Sucedió por la mañana, mientras me preparaba para la conferencia en el Hospital de Especialidades MIG con las Hermanas Josefinas en la Ciudad de México, ellas se dedican a cuidar y acompañar en la enfermedad.

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“Presencia de amor que se traduce en servicio”

Un pensamiento me sorprendió y es que a veces nos afanamos en mencionar a todo por su nombre, como si esto le diera validez a su existente.

¿Sirve de algo conocer a las constelaciones y estrellas por su nombre? Si somos incapaces de admirarnos con ellas.

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Constelaciones de Perseo

¿Qué sentido tiene llamar a la flor por su nombre? Si nunca tenemos tiempo para mirarla, olerla y percibir la belleza que emana de ella.

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Rosa Nombre científico 

 

¿Servirá de algo decir Dios? Cuando nuestras dudas y falta de fe nos impiden conocer y experimentar la presencia sutil de Él en nuestro mundo.

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Vamos acumulando palabras sin sentido en nuestras vidas y no logramos comprender la profundidad de estas. AMOR, VIDA, DIOS, infinidad de veces las pronunciamos sin detenernos y saborear su contenido, lo que realmente expresan.

En ocasiones las palabras no DEFINEN ni DESCRIBEN, no son capaces de expresar en plenitud su contenido. Así que comencemos a sentirlas más que a pronunciarlas.

AMOR, VIDA, DIOS.

“UNA ESTRELLA NO ES UNA ESTRELLA POR MENCIONARLA”

Más bien, es una estrella por su brillo, por su esencia, es una estrella por su existencia.

 

P.D   A quienes asistieron a la conferencia ESTOY EN DUELO les comenté al inicio de mi ponencia que pronto leerían esta reflexión y estoy cumpliendo. También les envío un abrazo fraterno que llegue hasta los corazones de mis hermanos que ese día nos visitaron desde Bolivia, Perú y por supuesto México ¡Gracias por su asistencia!

TODAVÍA TENGO TU OLOR

Fue en un momento de tertulia, finalizaba el desayuno en Culiacán, Sinaloa. Disfrutábamos en compañía del sacerdote Víctor y una familia maravillosa: Miguel, Alma y Carmen, a quienes les agradezco sinceramente su hospitalidad y amistad, me hicieron sentir en casa.

En la mesa compartí y recordé una anécdota que sucedió hace algunos años mientras caminaba por las calles de San Antonio, Texas, fue algo que cambiaría mi forma de pensar y de ser.

Era una calle muy transitada, observé a un hombre sentado afuera de la catedral, frente a él una andadera para caminar. El aspecto de este hombre no era nada agradable a la vista, barba muy larga, descuidada, ropa sucia y evidentemente días o semanas sin bañarse.

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El sacerdote Saturnino me estaba mostrando los lugares de interés y mientras me explicaba datos y detalles de la catedral St. Marys Catholic Church fundada en 1857 repentinamente aquel vagabundo cayó estrepitosamente al suelo.

Era una avenida congestionada en el corazón de la ciudad, estoy seguro que muchas personas le vieron y siguieron su camino, apenas observaron al hombre que se encontraba tirado, tal vez pesaba más de 90 kilos.

Le pregunté al sacerdote si podíamos ayudarle, lo que menos quería era causar problemas al tratar de auxiliarle. El sacerdote afirmó con la cabeza e inmediatamente después le preguntó: -You need help? (¿Necesita ayuda?)

El hombre en el piso comenzó a “babear” y a balbucear algunas vocales, mi amigo el padre Saturnino y yo nos inclinamos hacia su rostro para escucharle, luego de algunos intentos, logramos comprender: -Help me (Ayúdenme)

Inmediatamente iniciamos una maniobra realmente complicada, mover a aquel hombre no fue nada fácil, intentamos levantarlo sin éxito, varias veces tuve que apoyar mi cuerpo contra el suyo y así tratar de sentarlo.

Después de unos minutos lo logramos y nos retiramos del lugar, así continuamos con nuestra visita por la ciudad, al cabo de un rato, pude percatarme de un olor muy extraño en mis brazos, camisa y pantalón. El olor de aquel hombre se había impregnado en mí.

Era un olor muy desagradable, no pude ocultarlo; comenzó a incomodarme. Sin embargo, desde lo más profundo de mi corazón algo me alertó y estoy seguro que fue el Espíritu quien me hizo reflexionar:

“Me levantaste aunque olía mal, te atreviste a mirarme, aunque mi aspecto no era agradable, intentaste escucharme y me prestaste un poco de atención, te esforzaste animándome a incorporarme ¡Gracias!”    Sinceramente Jesucristo.

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Jesucristo está en el necesitado, en el que huele mal, el que nadie quiere ver, es a quien más debemos ayudar. ¿Por qué seguimos sin entender? ¿Por qué reservamos nuestra ayuda a los que “apestan”?

En ese viaje hubo una hermosa revelación, comprendí la enseñanza y se conmovió mi corazón. Señor Jesús, llévame entonces con mis hermanos que no huelen bien, que están en las calles pidiendo ayuda.

Señor, gracias por mostrarte así, porque TODAVÍA TENGO TU OLOR.