RESUCITEMOS CON ÉL

JESÚS RESUCITADO

La resurrección de Jesús es el acontecimiento central de la vida Cristiana.

“Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe” (1 Cor 15,14)

Es importante observar que además de la resurrección de Jesús en el relato bíblico, se resalta de manera especial la participación  de una mujer: María Magdalena.

“El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro. María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro”…                                                            (Juan 20, 1-9)

La figura de María Magdalena tiene que llevarnos a pensar sobre el papel que han desarrollado desde el origen, las mujeres en el cristianismo. Pero también ha de invitarnos a reconocer su limitada participación en nuestra Iglesia Católica.

“Llega corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que era muy amigo de Jesús, y les dice: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”…                                    (Juan 20, 1-9)

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Hemos de disponer los corazones para hacer creíble la experiencia del resucitado en nuestro mundo y no olvidar el anuncio que el maestro nos compartió acerca de la resurrección.

¡Resucitemos con Él!

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ALERTAS Y ATENTOS

Estamos próximos a una de las más importantes celebraciones para nuestra Iglesia Católica, se trata del Nacimiento o la Natividad de Nuestro Salvador.

La palabra Adviento, como se conoce este temporada, significa “llegada” y claramente indica el espíritu de vigilia y preparación que los cristianos debemos vivir. Al igual que se prepara la casa para recibir a un invitado muy especial y celebrar su estancia con nosotros, durante los cuatro domingos que anteceden a la fiesta de Navidad, los cristianos preparamos nuestra alma para recibir a Cristo y celebrar con Él su presencia entre nosotros.

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La Iglesia durante las cuatro semanas anteriores a la Navidad y especialmente los domingos dedica la liturgia de la misa a la contemplación de la primera “llegada” de Cristo a la tierra, de su próxima “llegada” triunfal y la disposición que debemos tener para recibirlo. El color morado de los ornamentos usados en sus celebraciones nos recuerda la actitud de penitencia y sacrificio que todos los cristianos debemos tener para prepararnos a tan importante evento.

El Evangelio según San Mateo 24, 37-44 nos recuerda:

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre: Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto, estén en vela, porque no saben qué día vendrá Nuestro Señor. Comprendan que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estén preparados, porque a la hora que menos piensen vendrá el Hijo del Hombre”. 

Una gran parte de la humanidad no está pendiente ni despierta espiritualmente, nuestros tiempos actuales se han caracterizado porque vivimos “anestesiados” y “distraídos”, de tal manera que ese despertar hacia el mensaje de amor sigue siendo para muchos algo que aún tardará en suceder, ahí radica la enseñanza del evangelio, debemos crecer en el espíritu, necesitamos comprender que el  mensaje es una realidad y que deberíamos estar “bien despiertos” para aceptar, vivir y escuchar la promesa de Nuestro Padre Celestial, vendrá el Hijo del Hombre.

¡Estemos alerta y estemos preparados!

APACIENTA A MIS OVEJAS

Desde hace algunos días esta cita bíblica se repite una y otra vez en mi mente, es como si al recordarla comenzara a adquirir un nuevo sentido, se trata de una apreciación personal, pero que aplicada a nuestros tiempos me abre una nueva posibilidad de interpretación, la cual quiero compartir con humildad en este espacio.

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Cabe mencionar que en las diferentes homilías que he tenido oportunidad de escuchar y leer, en general estas se direccionan hacia el pensamientos de Jesucristo quien se sirvió de la palabra ‘apacienta’ que significa prepara buenos pastos, alimenta a mis corderos, a mis ovejas, probablemente a la grey religiosa, básicamente ese es su contexto original.

Sin embargo, mi reflexión y perspectiva van hacia los más necesitados, a los olvidados. Al mirar a un drogadicto en la calle y recordar la cita “Apacienta a mis ovejas” Juan 21 15-19.

Lo que entiendo, es: Hay ovejas extraviadas que necesitan dirección, están perdidas en sus pensamientos y sentimientos, necesitan ser tranquilizadas, llevadas con amor hacia los demás.

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Si observo a un alcohólico, al ver su rostro de tristeza y decepción, la palabra “apacienta” vuelve a adquirir ese sentido de esperanza, de regresar lo perdido a esa oveja extraviada, nuevamente me invita a darle confianza y tranquilizar a “su oveja” pecadora, con fallas, decepcionada, desilusionada, como en los tiempos de Jesús.

Él sin duda, hacía que regresara la paz y la calma a tantos seres humanos necesitados como hasta ahora.

Cuando a una pareja sufre la infidelidad, en medio de su angustia, dolor y amargura, la frase “apacienta” vuelve una vez más a adquirir esa caricia de amor, debemos darle esperanza y mitigar el dolor que hay en su corazón, dar paciencia, encontrar el camino, señalar la luz que devuelve la calma.

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Frente a un suicida, quien no tiene esperanzas, seguro que se encontrará en un estado alterado y negativo, porque al querer salir de esta vida y acabar con su existencia, sin duda es un tiempo valioso para ofrecerle paz y remanso.

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Para los migrantes, para los homosexuales, para quienes provocan las guerras y conflictos armados, para quienes ansían el poder político, para los narcotraficantes, para gran parte de la humanidad que está intranquila, estresada, alejada del camino del amor, es a quienes hay que “tranquilizar” y devolverle esperanza, vida y amor.

“Apacienta a mis ovejas” Juan 21 15-19

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LIBERTAD

¡Somos libres! Pero… No hemos sabido muy bien qué hacer con nuestra libertad.
¡Somos libres! Pero… No queremos escuchar a nadie, ha crecido nuestra soberbia.
¡Somos libres! Pero… De poco nos sirve si alejamos a Dios de nuestras vidas.

¡Somos libres! Pero… Hablar de compromiso nos causa malestar.
¡Somos libres! Pero… La disciplina suena a tema del siglo pasado.
¡Somos libres! Pero… Evitamos los valores esenciales de la humanidad.

¡Somos libres! Pero… Hacer algo por nuestro prójimo cada vez nos cuesta más.
¡Somos libres! Pero… Conscientemente buscamos satisfacer nuestro propio beneficio.
¡Somos libres! Pero… Impedimos que los demás encuentren su libertad.

¡Somos libres! Pero… Destruimos nuestro mundo y la vida justificando riqueza.
¡Somos libres! Pero… Aún creemos en el poder destructor de la violencia.
¡Somos libres! Pero… Por esa libertad hemos sido capaces de cambiar el equilibrio natural.

Y él le dijo: ¿Qué has hecho?…
Génesis 4:10

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¿POR QUÉ QUIERO HACER MÚSICA PARA DIOS?

En algunos lugares a los que me invitan a cantar y a compartir, después del concierto, se acercan jóvenes muy emocionados y me expresan con gran entusiasmo que ellos y ellas también quieren cantar, esto me llena de alegría y gozo porque es muy probable que ahí florezca una vocación musical.
 
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Sin embargo, no puedo esconder mi tristeza, es una realidad que muchos de estos jóvenes no seguirán, desistirán de su sueño o simplemente se rendirán.
 
Si lo que tu quieres verdaderamente es compartir tu talento comienza por una sencilla pregunta , pero la tendrás que responder con sinceridad y sobre todo con el corazón abierto, pon mucha atención, es más, si puedes escribirla sería muy recomendable; la pregunta es: ¿POR QUÉ QUIERO HACER MÚSICA PARA DIOS?
 
Algunas posibles respuestas serían: 
– Porque tengo bonita voz
– Siento algo especial cuando estoy cantando
– Me gusta componer música, no importa lo que sea
– Quiero que reconozcan mi talento
– Me gusta que me admiren
– Canto porque tengo una voz potente
 
Algunas de estas expresiones demuestran verdad, así es, son las INTENCIONES VERDADERAS que mueven a algunos cantantes y debemos respetar. Sin embargo, la pregunta: ¿POR QUÉ QUIERO HACER MÚSICA PARA DIOS? Va mucho más allá de la apariencia o el reconocimiento de los demás.
 
Ahora compartiré otras respuestas, las cuales he escuchado en músicos que sí quieren entregarse completamente al Ministerio de la música  con respuestas sencillas, sinceras y honestas:
 
– Canto para Dios porque es tan necesario como respirar
– Canto al amor de Dios porque deseo ser un simple instrumento en el plan de Dios
– Canto para Dios porque Él me ha dado la vida y soy agradecido
– Quiero proclamar su palabra y si Él quiere cantaré con todo mi espíritu
– Quiero perseverar en su palabra y conocimiento, cantar es sólo un medio para estar cerca de Dios
– Toda mi vida quiero cantar, Dios sabe cuánto me hace bien
 
Llegó tu turno para responder: ¿POR QUÉ QUIERO HACER MÚSICA PARA DIOS?
 
Sincérate con Dios y expresa tus verdaderas intenciones, por ningún motivo uses la música católica como plataforma para tu lanzamiento comercial.
 
Probablemente quieres ver materializado tu sueño de hacer por primera vez tu disco y crees que en el ámbito católico es más fácil.
 
Tal vez lo que estás buscando es hacer música comercial y quieres empezar en la Iglesia; por favor no lo hagas, porque te estarás haciendo daño y se lo harás a quienes te escuchen.
 
En este espacio no engañaré a nadie, la verdad nos hará libres y la corrección fraterna es lo que el Maestro Jesús nos pidió, así que, si tus intenciones como músico son alimentar tu vanidad, estás en el camino equivocado y disculpa que te lo diga de esta manera.
 
Nuestra Iglesia necesita músicos comprometidos con el Evangelio, que entiendan los grandes retos a los que nos enfrentamos, nuestras Parroquias necesitan hermanos y hermanas que comprendan que por medio de la música pueden llevar esperanza; necesitamos músicos comprometidos que deseen crecer en fe y perseverar con paciencia, amor y unidad.
 
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Te necesitamos a ti que respondiste con acción y no sólo con palabras, te estamos esperando si lo que deseas es compartir el mensaje de Dios y no esperar reconocimiento de ningún tipo.
 
Las verdaderas intenciones y los motivos por los que cantas, tarde o temprano se revelarán.
 
Así que responde urgentemente y con toda sinceridad ¿POR QUÉ QUIERO HACER MÚSICA PARA DIOS?