EL GRITO DE LA MUERTE

¡No pasa nada!

¡A mí no me va a suceder!

¡¿Qué peligro puede haber?!

Y sucedió, una vez más pasó. Una nueva tragedia.

Imágenes “dantescas”, personas corriendo y el grito de la muerte, así se escuchaba, es muy semejante al “aullido” de dolor, es la parte animal de nosotros que describe miedo, angustia, terror, muerte.

El dolor en su máxima expresión, se escuchaba que pedían ayuda y quienes nos “arriesgamos” a ver las imágenes en las redes sociales no pudimos más que contener el aliento. Indescriptible el infierno visto por los teléfonos celulares.

No entraré en el tema ético y moral de lo que aconteció, estoy seguro que eso queda claro, no debió haber estado nadie robando combustible.

Los sobrevivientes tenían miradas en el limbo por el dolor que experimentaban, quemaduras de tercero y cuarto grado, algunos carbonizados, otros corriendo desesperados intentando apagar las llamas en su piel.

¡No pasa nada!

¡A mí no me va a suceder!

¡¿Qué peligro puede haber?!

Una vez más las personas exponiendo sus vidas por unos litros de gasolina, todos los ahí presentes relativizando el peligro y las consecuencias.

Tlalhuelilpan Hidalgo, San Juan del Río Querétaro, Veracruz, Guadalajara y la lista sigue, seres humanos perdiendo la vida por unos litros de gasolina.

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NO ESTAMOS SOLOS

Nosotros los que hemos experimentado la pérdida de un ser querido, no estamos solos. Somos parte del mayor grupo del mundo. El de aquellos que han conocido el sufrimiento.

Aunque la tristeza y el vacío se instalan en nuestro corazón debemos reconocer que no estamos solos con nuestro sufrimiento, que muchas personas conocen la forma en que sentimos esa sutil y profunda sensación de soledad que llega a nuestras vidas y que después se va sin causa alguna, regresando muchas veces al día.

Falleció mi padre y con lágrimas reconozco que al irse él, también se fue una parte de mí, pero se quedó lo mejor de él, su recuerdo en mí. El dolor pasa, los recuerdos permanecen; los seres queridos nos dejan, pero el sentimiento de haberlos tenido perdura.

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Cuando un ser querido fallece, deberíamos sentir paz en el espíritu al reconocer que ha llegado a su destino y completó el viaje, sin embargo, surge el desánimo inexplicable que nos recuerda la ausencia y nos aleja de la esperanza.

La muerte me hace reflexionar en lo que hoy es verdaderamente relevante en la vida, todo aquello que se atesora en nuestro corazón, las palabras, caricias, acciones, recuerdos.

Nunca estamos solos. Tenemos la fuerza para transformar la tragedia en una nueva fuerza que nos ennoblecerá.

Recordamos a nuestros seres queridos, sentimos su presencia y también su ausencia. Pero debemos esforzarnos por traer a nuestras vidas el consuelo y la paz. Cuando lo logremos, seguramente su memoria será una bendición y su recuerdo adquirirá nuevas dimensiones.