SANDALIAS

En este tiempo es muy característico pensar: ¿Cómo vamos a celebrar la Noche Buena y el día de Navidad? ¿Con quién vamos a disfrutar estas fiestas? ¿Qué vamos a regalar? Pero todo este ajetreo no tiene sentido si no consideramos que Cristo es el festejado a quien tenemos que acompañar y agasajar en este día.


 

Cristo quiere que le demos lo más preciado que tenemos: nuestra propia vida; por lo que el período de Adviento nos sirve para preparar ese regalo que Jesús quiere, es decir, el adviento es un tiempo para tomar conciencia de lo que vamos a celebrar y de preparación espiritual.

El Evangelio de San Mateo capítulo 3 versículos del 1 al 12 nos recuerda:

 Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: —«Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos.» Este es el que anunció el Profeta Isaías diciendo: «Una voz grita en el desierto: “Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos.” Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: 

—«¡Camada de víboras!, ¿Quién les ha enseñado a escapar del castigo inminente? Den el fruto que pide la conversión. Y no se hagan ilusiones, pensando: “Abrahán es nuestro padre”, pues yo les digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.» 

Es un tiempo en el que debemos reflexionar acerca de la grandeza de quien va a venir, de ese enviado que puede ser capaz de cambiar y transformar nuestra vida, es Jesús a quien no podríamos ni colocar las correas de sus sandalias, esto debido a la importancia de su ser, Dios-hombre entre nosotros y sobre todo por tratarse del Hijo de Dios.

Nacerá de la manera más humilde, sencilla y sin ningún privilegio, en un establo. Quien merece todos los honores decide nacer con simplicidad, sin pretensiones. El que es grande, realmente se hace pequeño, así es el amor y la lógica de Dios.

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